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La conferencia que organizó ayer la cementera Alfa en su campaña
para promover su solicitud de incineración de residuos, contó con gran
afluencia de público, que desbordó los preparativos de la organización.
Tras atravesar un ostensible alarde de
seguridad, entramos en una nave dentro de la cual se había colocado una
carpa con los medios técnicos más modernos. El ponente de la
conferencia fue Carlos Martínez, Director del Instituto Independiente
para la Sostenibilidad de los Recursos Estratégicos, antes llamado con
el mucho más descriptivo nombre de Club Español de los Residuos, que
es una institución sostenida financieramente por OFICEMEN, la patronal
de la industria cementera, TIRME, la empresa propietaria de la
Incineradora de residuos de Palma de Mallorca, y otros patronos del
ramo, por lo que no cabe la menor duda de su 'independencia'.
En la mesa también se encontraba un técnico de la empresa que ha
elaborado el Estudio de Impacto Ambiental para la incineración de
residuos tóxicos en la cementera y una representante de OFICEMEN. Como
se ve, un grupo independiente. No había en la mesa ningún directivo ni
representante de Alfa, que se encontraban entretanto haciendo campaña
entre los medios informativos presentes.
Los asistentes al acto soportaron estoicamente una hora de
conferencia sobre las estrategias de gestión de residuos tóxicos en la
comunidad europea, obviamente planteada desde el punto de vista de las
industrias de incineración de residuos. Cuando finalmente se permitió
la intervención del público, los ponentes se encontraron con una serie
de preguntas nada técnicas pero muy directas y con mucho sentido común,
quedando totalmente sobrepasados y sin capacidad de respuesta.
Quedó claro para la concurrencia que no sirve de nada bombardear con
datos técnicos, pues los hay tanto para defender una postura favorable
a la incineración como para la contraria. Esgrimir los permisos legales
tampoco convenció a los vecinos de Mataporquera, conocedores del
extenso currículo de Alfa que si aún hoy continúa cubriendo el pueblo
con una fina capa de cemento --no hay más que pasar el dedo por los
coches aparcados en la calle, afirmaron--, qué garantía puede ofrecer
cuando incinere residuos tóxicos.
Se habló de la falacia del cumplimiento de las leyes, pues la
proximidad al pueblo impediría legalmente una actividad de incineración
de residuos e incluso la propia actividad de producción de cemento, y
se habló de la falacia del control de la administración, poniendo como
ejemplo la denuncia del Seprona a una incineradora del propio gobierno cántabro,
en Meruelo, con tan graves incumplimientos de la ley que finalmente hubo
de cerrarse.
Se habló del principio de precaución, defendido en numerosos
estudios técnicos dada la alta probabilidad de que los niveles de
emisiones legales permitidos legalmente no lo sean por mucho tiempo, y
de la extrema dificultad de controlar y medir las emisiones producidas
por un cóctel de residuos tóxicos tan variable como el que se va a
incinerar en Alfa. No se puede asegurar la inocuidad de una gama de
residuos tan amplia.
Se habló de la rentabilidad de Alfa y sus puestos de trabajo, que no
corren ningún peligro, acusando de avaricia a la empresa por iniciar
una nueva actividad de incineración que no va a aportar ningún
beneficio a nadie salvo a Portland, y va a perjudicar seriamente a
industrias en toda la comarca, principalmente al turismo y las
industrias de agroalimentación, empresas éstas, turismo, ganadería,
galletas, etc., que son imprescindibles para la supervivencia de la
comarca.
Se habló de Morata de Tajuña, donde le fue impedido a Portland que
reconvirtiera una cementera para quemar residuos como ahora pretende aquí.
Se pusieron ejemplos de cementeras Portland en EEUU que ya no
producen cemento y tan solo incineran residuos. Se puso de manifiesto la
incompetencia o mala fe de un Estudio de Impacto Ambiental que desconoce
dónde se dirigen los vientos dominantes en la zona olvidando mencionar
a los más afectados, Aguilar de Campoo. Se habló de los riesgos de
transporte de miles de toneladas de residuos por nuestra comarca. Se les
acusó de mentirosos, se habló de la toxicidad de un cemento que llevaría
consigo metales pesados, etc, etc.
En definitiva, la voz de algunos vecinos de Mataporquera resume el
sentimiento de los asistentes: "Alfa siempre nos ha tomado el pelo,
¿por qué tanto hablar de legalidad, si no la han cumplido
nunca?". "Nosotros no somos técnicos, pero vemos lo que
hay" "si esto es tan bueno, ¿qué hacen ustedes aquí?".
Muchas cuestiones importantes planteadas quedaron sin respuesta,
mientras los ponentes se esforzaban en asegurar que las emisiones estarán
por debajo de las permitidas por la ley, único argumento repetido hasta
la saciedad --"un producto sólo es contaminante si supera los límites
permitidos"-- ante un público cada vez más incrédulo que aplaudía
las intervenciones y que en los momentos finales abucheó a la mesa. Ni
una sola intervención se mostró favorable a las intenciones de Alfa.
De lo expuesto por la mesa, sólo dos perlas: El técnico de impacto
ambiental: "nosotros hacemos el estudio para la empresa y nos
vamos". El ponente Carlos Martínez, asegurando que la industria de
residuos está discriminada con respecto a otras: La industria de
Reinosa puede soltar todo lo que quiera sin control, y de hecho sé que
lo hace".
Pues vaya usted al juzgado, señor. Nos ayudan a confirmar lo que ya
pensábamos. Gracias.
30
de enero de 2004
CCSA
Nota: Disponemos de una grabación completa de las
intervenciones, que ponemos a disposición de quien lo desee.
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