ENTREVISTA: EDUARD RODRÍGUEZ-FARRÉ. Médico y toxicólogo
Y. MONTERO - San Sebastián
EL PAÍS - País Vasco - 06-11-2004
El médico y toxicólogo Eduard Rodríguez-Farré (Argelès
sur Mer, 1941) es vicedirector del Instituto de Investigación Biomédica
de Barcelona y miembro del Comité Científico de la Dirección
General de Salud de la Unión Europea. Ayer participó en el Colegio
Oficial de Médicos de Guipúzcoa en el primer Simposium Nacional
sobre Incineración y Salud, organizado con motivo de las dos plantas
que se prevé construir en San Sebastián y Hondarribia.
Pregunta. ¿Qué sustancias perjudiciales para
la salud emiten a la atmósfera las incineradoras?
Respuesta. Dioxinas y furanos, que están dentro de
los doce contaminantes muy tóxicos que, según el Convenio de
Estocolmo, deben eliminarse del planeta. Luego están los residuos que
les quedan a estas plantas: cenizas y escorias, que tienen también
gran cantidad de dioxinas y metales pesados, y cuyo vertido está muy
descontrolado. Las incineradoras son la principal fuente de dioxinas
de todo el planeta.
P. ¿Qué dolencias pueden provocar estos
agentes?
R. Nos encontramos con un efecto insidioso a medio y largo plazo,
porque esas sustancias se van acumulando en el organismo. Por un lado
está la carcinogénesis, pero existen otra serie de manifestaciones
patológicas que pueden estar producidas por cantidades ínfimas, como
alteraciones hormonales y de la reproducción o deficiencias en el
desarrollo neuronal de los hijos de mujeres con muchas dioxinas.
P. ¿Es demostrable que existe una
causa-efecto?
R. Se trata de trastornos clínicos que pueden
pasar desapercibidos si no se establece una relación entre la
exposición y el efecto. Hay que tener en cuenta que las sustancias tóxicas
no sólo afectan a quienes viven cerca de la planta, también se
pueden propagar, por ejemplo, a través de los productos alimenticios.
P. Los defensores de las incineradoras en Guipúzcoa
argumentan que se utilizarán las más modernas tecnologías para
reducir al máximo los impactos.
R. En los últimos diez años he visto el caso de
incineradoras de última tecnología, que luego han sido las que más
sustancias tóxicas emitían. Todas han superado los máximos de emisión
admisibles. Por lo que comentan los ingenieros técnicos, a los pocos
meses de funcionar ya empiezan a aparecer problemas de combustión.
P. ¿Las normativas existentes son garantía
de seguridad?
R. El hecho de que una incineradora se adecue a la
normativa no significa que sea inocua. Cuando se establece una norma,
no se atiende sólo a criterios científicos y de salud; son criterios
políticos, porque entran en juego presiones económicas, sociales...
Desde el punto de vista científico, la norma no es más que una
referencia para la mayor parte de la población, pero siempre hay
personas más vulnerables, como los niños o los ancianos.
P. ¿Existen alternativas?
R. Hay técnicos de ingeniería medioambiental que
son capaces de aportar otras soluciones. Existen planes de gestión
integral de residuos que no emiten sustancias tóxicas. Pero eso
requiere voluntad industrial y política, porque, por lo que me dicen,
las inversiones no son muy superiores a las de la incineración, que
está en desuso. Eso sí, detrás están otro tipo de empresas e
intereses.