JOSÉ ÁNGEL HERRERA/VICEPRESIDENTE DE ARCA Y
MIEMBRO DE LA PLATAFORMA CÍVICA CONTRA LA INCINERACIÓN
La Agrupación de Fabricantes de Cemento de España
(Oficemen) es una asociación que integra a las empresas españolas
dedicadas a la fabricación de cemento y tiene como único objetivo
defender los intereses del sector promoviendo y desarrollando el
consumo de cemento. En definitiva es una asociación creada para
mantener las condiciones de oligopolio en que se mueve la industria
del cemento en España, una posición dominante sobre el mercado
que le da poder de intervenir los precios y presionar eficazmente a
las administraciones públicas.
No vamos aquí a cuestionar la legitimidad del
ánimo de lucro que orienta a Oficemen, pero en cambio sí vamos a
decirla con toda rotundidad que no tienen ninguna legitimidad,
absolutamente ninguna, para actuar como portavoz de la defensa del
medio ambiente y de la salud de las personas.
En EL DIARIO MONTAÑÉS del 6 de marzo, el
Presidente de Oficemen, Rafael Fernández, publicó un Tribuna
Libre en el que venía a decir que la máxima preocupación de su
Asociación es el bienestar de los ciudadanos y que frente a sus
filantrópicas intenciones solo se oponen unos ecologistas
desalmados que quieren enterrarlos en una montaña de basura.
Naturalmente el lector sabe que no es así y que
la histórica movilización contra el proyecto de Cementos Alfa que
hemos encabezado los ecologistas de Cantabria (pero que también
vienen respaldada por infinidad de organizaciones políticas,
vecinales, culturales, ganaderas, sindicales, e incluso diversas
instituciones locales) está poniendo muy nervioso a Oficemen
porque pone en riesgo su estrategia global para convertir a todas
las empresas cementeras en gestoras de residuos, un nuevo y
suculento negocio que les reportaría ingentes beneficios; eso sí,
sin crear ni un solo puesto de trabajo y arruinando la salud de
personas y medio ambiente. La beligerancia de un coloso económico
como Oficemen contra los ecologistas de Cantabria, su desmesurado
esfuerzo por descalificarnos, solo puede ser debido a que lo
estamos haciendo bien, a que nuestra forma de interpretar la
realidad está calando en el conjunto de la sociedad cántabra.
Ningún beneficio ambiental
En su artículo, el señor Fernández, hace auténticas
cabriolas verbales para aparentar que sus proyectos de incineración
de residuos cuentan con el beneplácito del Ministerio de Medio
Ambiente del Gobierno de España, cuando es justamente todo lo
contrario. El MIMA ha dicho en reiteradas ocasiones que no va a
favorecer la valorización energética en plantas cementeras,
considerando preferible la gestión de estos residuos en
instalaciones específicamente diseñados para ello y con equipos técnicos
especializados. Para el MIMA, como para el conjunto de las
organizaciones ecologistas españolas, es inadmisible que la
industria cementera diga que la quema de residuos en sus hornos
contribuye a reducir las emisiones de CO2 cuando es una de las
actividades que ha sido rechazada en la estrategia española de
cambio climático por su impacto nocivo sobre el medio ambiente.
Favorecer el cumplimiento del Protocolo de Kyoto
es el argumento 'estrella' sobre el que pivotan los supuestos
beneficios ambientales del proyecto de sustitución del combustible
actual de Cementos Alfa por una mezcla de residuos peligrosos, pero
semejante argumento es fácilmente rebatible porque la totalidad de
los compuestos que forman el llamado Fuell-blending tienen su
origen en el petróleo, es decir, en el combustible fósil por
excelencia.
Es más, la incineración de residuos tóxicos y
peligrosos aumenta de forma neta la emisión de gases de efecto de
invernadero, por la sencilla razón de que los residuos tóxicos y
peligrosos que componen el Fuell-blending son todos ellos derivados
del petróleo que para llegar a tener la condición de residuo han
pasado por distintas etapas de uso en las que por supuesto se ha
consumido energía, la mayor parte de la cual también se obtiene
del petróleo, por lo que durante la transformación de un producto
en residuo se emiten significativas cantidades de gases de efecto
invernadero. Añadamos a este balance que la energía consumida en
las plantas de Fuell-blending para transformar los residuos que
reciben y el transporte de los residuos hasta la propia planta
(situada en Madrid) y posteriormente hasta Mataporquera.
Por otro lado el Director General de Oficemen
insiste hasta la saciedad que las cementeras son las instalaciones
idóneas para la gestión de este tipo de residuos, algo que como
ya se ha mencionado más arriba ha sido negado tajantemente por el
propio Ministerio de Medio Ambiente. Muy al contrario las
cementeras que incineran residuos tóxicos ocupan el segundo lugar
en el ranking mundial de emisiones de dioxinas y furanos que se
forman principalmente en el proceso de enfriado de los gases y en
la heterogeneidad de los procesos de combustión en el interior del
horno debido a la propia heterogeneidad del combustible.
Fijémonos también en el detalle de que el
proyecto de Cementos Alfa propone una sustitución del 40% del
combustible y no precisamente por capricho, sino que esta cifra del
40% es el máximo que le permite el Real Decreto 653/2003 sobre
incineración de residuos, sencillamente porque un horno de cemento
no es el lugar adecuado para quemar residuos peligrosos y
traspasado cierto nivel de utilización la emisión de
contaminantes a la atmósfera se dispara.
Además, el grueso de los metales pesados pasa a
formar parte del cemento que se comercializa, lo que supone la
dispersión de la contaminación de forma totalmente incontrolada,
a parte de graves riesgos para los trabajadores y operarios que lo
manejan directamente.
En definitiva para los ecologistas de Cantabria
está claro que no hay ningún beneficio ambiental en el proyecto
de Cementos Alfa y en cualquier caso las dudas son tan razonables y
de tal envergadura como para exigir al Gobierno de Cantabria la máxima
prudencia. Es más inteligente adoptar la misma decisión que la
Comunidad Autónoma de Aragón, que ha prohibido la valoración
energética de cualquier tipo de residuos y apostar con una gestión
sostenible basada en la reducción en origen, la reutilización y
el reciclaje. Este sí es el futuro.