Morir tenemos. Ya lo sabemos

M. A. GARCÍA GUINEA/15-04-2005

¿No nos dijeron que las autonomías cercarían los problemas al ciudadano? Pues que se reúna nuestro Parlamento y atienda a resolver estos y otros graves problemas

Y consiento en mi morir
con voluntad placentera,
clara e pura,
más tenemos que morir
cuando los «furanos» quieran
es locura.


(Remedando a Jorge Manrique)

Sí. Este saludo cartujano de «Morir tenemos. Ya lo sabemos», lo oiremos muy pronto entre los vecinos de nuestro querido y maltratado pueblo de Mataporquera (primero rosas cementosas y ahora humos deletéreos) si a la empresa Alfa se la permite la incineración de productos tóxicos. Y este saludo, más tarde o más temprano, se extenderá por todos los pueblos de Campoo obligando a Reinosa a levantar, de verdad, un hospital especializado en oncología.

Confieso que no entiendo nada de dioxinas y furanos; a éstos, al principio, les llamaba «fulanos», y a lo mejor no me faltaba razón al así denominarlos, pues yo les imaginaba como lombrices pegajosas y ápodas que traidoramente se deslizaban por la traquea y se fijaban a un bronquio para cancerarle. En cuanto a las dioxinas, por su nombre, tan fino, me parecían inofensivas, aunque ahora, por lo visto, voy ya cambiando de opinión.

Pero aunque nada sepa de semejantes individuos, tengo mucho respeto a las personas que les conocen y saben los maleficios que producen, es decir, a los especialistas oncólogos y a las asociaciones que luchan por hacer más soportables las desdichas de una humanidad sufriente.

Unos y otras han manifestado desde hace tiempo, y múltiples veces, que nuestra salud para nada sale beneficiada en convivir junto a ellos.

Veamos algunas manifestaciones -las más concluyentes y expresadas por verdaderos conocedores de la cuestión-, porque en este artículo no puedo cargar a mis lectores con todas las que he conseguido acopiar:

1.- La OMS (Organización Mundial de la Salud), afirma que «las incineraciones son las peores culpables en emisión de dioxinas» (Informe de 1999), y en 2003, hablando por sus expertos en cáncer dice que ellas «son una de las principales fuentes carcinógenas» (WHO Fact Sheet, n° 25, junio 1999, y WHO IARC, World Cancer Report 2003).

2.- item más. El prestigioso profesor Knox, especialista en estas cuestiones, dice, en el 2000, que «existe una mayor incidencia de cáncer infantil alrededor de incineradoras en Inglaterra» (Knox, InU. of Epid 2000).

3.- El Llamamiento de París (7 de mayo de 2004), organizado por la ARTAC ( Asociación por la Investigación Terapéutica Anticancerosa), al que han asistido personajes y médicos de la categoría de Luis Montagnier (descubridor del virus del Sida); el conocido científico Hubert Reeves; los premios Nobel Jean Dausset y Francois Jacob..(¿Poca cosa todos!) «ha señalado a la contaminación química como la causa principal del aumento de cáncer en los países desarrollados desde 1950» (El País, 17 de mayo de 2004). 4.- item más. La Convención de Estocolmo (año 2001), con la aquiescencia de 151 países «debatió el tremendo peligro de las sustancias orgánicas a fin de eliminar/as» (El País, misma fecha)

5.- Y último. En España, las publicaciones en medios especializados son cada vez más frecuentes y categóricas, y ello por voces bien conocedoras del problema. Sólo unos pocos ejemplos para quien me siga leyendo:

El Instituto Catalán de Oncología de la Universidad Autónoma de Cataluña publica en la revista inglesa «Enviromental Health Perspectives» un artículo reciente en el que se advierte que «los órganoclorados (PCa 28 y pca 118) elevan el riesgo de cáncer colorrectal» (Diario médico, viernes 1 de abril de 2005, página 12). J. Ferris y Tortajada y otros oncólogos de hospitales de Valencia, Sagunto, etc., publican en la «Revista Española de Pediatría» (2001, 57 (3) pp. 213-225) un artículo titulado «Enfermedades asociadas a la polución atmosférica por combustibles fósiles». Eduardo Rodríguez Farré, del Instituto de Investigaciones Biomédicas de Barcelona (CSIC); José Cruz Ruiz Villandiego, médico en contra de la incineradora de Txingudi (Guipúzcoa); Juan López de Uralde, Ramón Beibides y Rafael Tejido, respectivamente director de Greenpeace en España; profesor de la Escuela de Ingenieros de la UC; y director del HUAR de Valdecilla (Diario Montañés, 17 de noviembre de 2004), insisten todos en la patogeneidad de las plantas incineradoras; y con la aportación de datos indiscutibles. Mario López Ahumada, con el aval de 94 médicos profesionales de Cantabria (y serían muchos más si se hubiese podido contactar con todos los profesionales), publica en 29 de mayo de 2004, un detenido análisis sobre la ya segura toxicidad de la quema de residuos.

6.- Y así sucesivamente... (Tengo muchas más que no recojo porque no quiero cansar al lector a quien ya considero convencido). Me parece que ya son bastantes aportaciones de médicos e investigadores nacionales y extranjeros, que aseguran y advierten del peligro de estas operaciones incineradoras. Si son falsarios, ¿por qué no cae sobre ellos el peso de la justicia? Si son veraces, ¿hay alguien que se atreva a no escuchar sus advertencias? ¿Qué hay que presentar para que se convenza quien, o quienes, no parecen convencerse? ¿Se exigirá todavía, y acaso, un último certificado de dos muertos en Mataporquera a causa de los furanos?

Mi particular punto de vista es que, tan sólo ante la sospecha de que pudieran ser cancerígenos los gases vertidos o los desechos de escorias y cenizas; tan sólo con que se pueda presentar una duda sobre este asunto tan peligroso; tan sólo no ya por su consecuencia mortal, sino porque pueda causar una simple alergia o un catarro nasal, los poderes públicos están obligados, bajo responsabilidad gravísima, a prohibir terminantemente cualquier acción que pueda perjudicar a los ciudadanos y ciudadanas.

Apelo, muy cariñosamente, a dos ex - compañeros de la Universidad de Cantabria: al presidente de nuestra Autonomía, Miguel Ángel Revilla, y al consejero de Medio Ambiente, José Ortega Valcárcel. Apelo a su universalidad y a su humanismo. Perdí, creo, mi batalla contra los aerogeneradores, pero ésta -lo reconozco- es mucho más seria y transcendente. El 22 de enero de este mismo año, en El Semanal de ABC, Pilar Narbona, actual ministra de Medio Ambiente, nos decía que «nuestra legislación sobre la calidad del aire es de 1977» (¿!). Hora es, creo yo, de ponerla al día. Si no lo hace el Gobierno nacional, lo puede hacer nuestra Autonomía, para legislar con urgencia en casos como este. ¿No nos dijeron que ellas acercarían los problemas al ciudadano? Pues que se reúna nuestro Parlamento, que aplace un poco las discusiones sobre su ampliación y atienda a resolver estos otros gravísimos problemas de la salud de muchos montañeses.