Dieciocho premios Nobel advierten del grave deterioro de la salud del planeta.
La ONU llama a proteger las tierras áridas, en las que viven 2.000 millones, para luchar contra la pobreza y el hambre
La superpoblación, la pérdida de biodiversidad, la contaminación marina, la sobreexplotación de recursos naturales... los problemas que aquejan la salud del planeta son incontables y la lista para escoger lema en el Día Mundial del Medio Ambiente es, por desgracia, larga. Este año las Naciones Unidas vuelven la vista a territorios a menudo olvidados, las tierras áridas, en los que vive una tercera parte de la población mundial, mientras científicos de todo el mundo llaman a buscar fuentes energéticas alternativas para combatir el cambio climático.

Las tierras áridas cubren el 40% de la superficie terrestre y albergan a casi 2.000 millones de personas, la mayor parte en África y ciertas regiones de Asia. Son superficies escasas de recursos, con una capacidad agrícola y ganadera muy limitada, donde cualquier contingencia climática aboca al hambre a buena parte de sus moradores. Son regiones vulnerables y el programa de la ONU para el Medio Ambiente, el Pnuma lanza con su lema '¿No hagamos de las tierras áridas desiertos!', un grito de alerta en este día mundial.

«La pobreza, la ordenación insostenible de la tierra y el cambio climático están haciendo de las tierras áridas desiertos», recuerda Kofi Annan, secretario general de la ONU en su mensaje institucional. Y la desertificación -añade- conduce «a la pobreza o la exacerba». No es casual, recuerda la ONU, que África, el continente más árido y desertizado, sea también el más miserable.

Naciones Unidas conmemora en este 2006 el Año Internacional de los Desiertos y la Desertificación, y Argelia, el gran país del Sáhara, sirvió ayer de sede para el Día Mundial. Según los datos del Pnuma, la desertificación y la sequía ocasionan pérdidas anuales por valor de 42.000 millones de dólares en la producción de alimentos en el mundo. Y, sobre todo, provocan un costo «incontable en sufrimiento humano y en vidas perdidas debido al hambre» y al éxodo para hallar nuevas tierras productivas, y conflictos por el aprovechamiento de unos recursos hídricos en declive.

La desertificación es un fenómeno difícil de revertir una vez consolidado, pero «puede prevenirse», recalcó Annan, y con él, la sobrecarga demográfica en las zonas urbanas, y la desaparición de paisajes y culturas ancestrales que son patrimonio de toda la humanidad.

Energías renovables

El Día Mundial del Medio Ambiente sirvió además de telón de fondo al llamamiento de dieciocho científicos galardonados con el premio Nobel para frenar el consumo desatado de combustibles fósiles, responsables en gran medida del cambio climático. Reunidos en Valencia como jurado de los premios 'Rey Jaime I', apelaron a los gobiernos de todo el mundo, en particular a las naciones más industrializadas, para frenar el insostenible modelo energético, basado en la sobreexplotación de recursos fósiles limitados. Se impone -dicen- la búsqueda de fuentes alternativas como antídoto parcial del calentamiento global.