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Vivir
en Torrelavega constituye un riesgo para la salud.
[23/12/07
| 19:27 h.]
Marián
Sáez, miembro de la Coordinadora contra las Térmicas del Besaya
Los habitantes de Torrelavega y su comarca llevamos demasiados años
soportando unos preocupantes niveles de contaminación atmosférica, sin
que los políticos locales o regionales muevan un dedo para resolver esta
grave situación. Su irresponsabilidad y cinismo se evidenciaron una vez más
el pasado verano, cuando el Ayuntamiento de la ciudad votó en contra de
una propuesta de Ecologistas en Acción que solicitaba la declaración del
municipio como “zona de atmósfera contaminada”.
Esa declaración habría obligado a las empresas más contaminantes a
instalar medidores en sus chimeneas y a reducir significativamente sus
emisiones. Sin embargo, los portavoces de todos los grupos políticos, con
la excepción de la concejala de la Asamblea Ciudadana por Torrelavega,
rechazaron esa declaración, basándose en que la situación no es tan
grave como en 2006 y se está corrigiendo. Los datos del Centro de
Investigación del Medio Ambiente (CIMA) contradicen esa afirmación. En
la estación de medición de Barreda, el número de superaciones del límite
horario de protección a la salud, en el caso del SO2, se ha triplicado
respecto al año pasado; y lo mismo ocurre con el umbral inferior de
evaluación de protección a la salud en la estación de Minas. A estas
cifras hay que añadir, además, la existencia de un episodio grave por
ese mismo contaminante el pasado mes de marzo, cuando una de las
estaciones registró durante tres horas consecutivas magnitudes que
obligaban a la Consejería de Medio Ambiente a activar el dispositivo de
alerta a la población. Un corte en el suministro eléctrico lo impidió,
según palabras del director del CIMA. Fue precisamente esta “deficiente
calidad del aire” una de las razones principales que llevaron al
Ministerio de Medio Ambiente a desestimar la instalación de una central térmica
de ciclo combinado, promovida por la multinacional belga Electrabel y
Sniace, en terrenos de esta última.
Durante los tres años que duró la tramitación del expediente, ningún
miembro del Gobierno regional o la Administración local dio muestras de
la más mínima preocupación por el tema. Por el contrario, sólo
manifestaron indiferencia, y algunos de ellos, como el presidente, Miguel
Ángel Revilla, la vicepresidenta, Dolores Gorostiaga, y el ex consejero
de Industria, Miguel Ángel Pesquera, se posicionaron abiertamente a favor
del proyecto, desoyendo a los cientos de ciudadanos que en tres ocasiones
salimos a la calle, convocados por la Coordinadora contra las Térmicas
del Besaya, para expresar nuestra oposición a dicho proyecto.
Patologías respiratorias
Esta Coordinadora se propuso dos objetivos: conseguir que se publiquen en
tiempo real los datos acerca de la contaminación que el CIMA llevaba años
registrando, sin que se les prestara ninguna atención, y solicitar la
realización de un estudio sobre la salud en la zona. Ese estudio fue
realizado en 2005 por la sección de Epidemiología de la Consejería de
Sanidad y confirmó lo que muchos nos temíamos: “residir en Torrelavega
o sus municipios limítrofes constituye un riesgo para la salud, en el
caso de la patología respiratoria, llegando a registrarse un 90% más de
ingresos hospitalarios de residentes en el área de estudio y en torno a
un 30% más, en el caso de patologías cardiovascular y tumoral”.
A pesar de ello, el Gobierno de Cantabria aprueba en 2006 un plan energético
a medida de las multinacionales eléctricas e incompatible con el
cumplimiento del Protocolo de Kyoto y con la salud pública de la comarca
del Besaya. Un plan que, en un ejercicio de contabilidad creativa, no
computa las emisiones reales de los gases contaminantes de las dos térmicas
en proyecto -la de Sniace- Electrabel y la de Solvay-Viesgo-, porque
“deben adjudicarse a las comunidades que nos compren la energía
generada en esas centrales”.
Ni la gran movilización social ni el rechazo de la térmica de Sniace por
parte del Ministerio de Medio Ambiente parece haber hecho reflexionar a
nuestros políticos. Éstos siguen negándose a tomar medidas para frenar
la contaminación atmosférica y ven con buenos ojos la Térmica de
Solvay, cuyo expediente será remitido por el Ministerio de Industria al
Gobierno regional y a los Ayuntamientos afectados para su análisis y la
presentación de alegaciones. Ahora tendrán la oportunidad de deponer su
actitud servil e hipócrita y de demostrarnos a los ciudadanos de la
comarca que están dispuestos a poner la salud y la calidad de vida por
encima de los intereses de Solvay y Viesgo, que sólo buscan un negocio
privado de venta de energía.
CENTRAL DE SOLVAY
La Consejería de Medio Ambiente ha anunciado el inicio de un período de
información pública del proyecto de la central de ciclo combinado de
Solvay, promovido por Viesgo. El anuncio aparece publicado en el BOC del
23 de octubre. A partir de esa fecha, se dispone de 30 días hábiles para
la presentación de alegaciones.
La Coordinadora contra las Térmicas del Besaya ya ha manifestado su
intención de hacerlo. Solicitarán que se rechace el proyecto por las
mismas razones por las que el Ministerio de Medio Ambiente desestimó la térmica
de Sniace: la proximidad a núcleos de población (Rinconeda y Polanco, a
menos de 300 metros; y barrios y localidades de Torrelavega, Santillana y
Suances, a menos de un kilómetro) y los altos niveles de contaminación
que, según los datos del CIMA, soporta ya la población y que suponen un
importante riesgo para la salud, especialmente en el caso de las patologías
respiratoria, cardiovascular y tumoral. Así mismo, la Coordinadora ha
expresado su propósito de “convocar cuantas acciones sean necesarias
para frenar también esta térmica”. Señalan que Solvay es una de las
70 empresas más contaminantes de Europa, según el EPER (Registro europeo
de emisiones contaminantes), al quemar unas mil toneladas de carbón al día.
De instalarse esta central, la empresa duplicaría sus emisiones de CO2.
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