El plan sobre residuos obligará a abrir
nuevas plantas pese a la protesta ecologista
JAVIER RICO - Madrid - 20/11/2008
El Gobierno ha decidido apostar por la
incineración sin ambages. El borrador del nuevo Plan Nacional
Integrado de Residuos 2008-2015 (PNIR) establece entre sus
objetivos el incremento de la capacidad de incineración -llamada técnicamente,
"valorización energética"- de los residuos sólidos
urbanos en un 30% (600.000 toneladas) hasta 2012, con respecto a
las cifras del año base (2006). Es cierto que el texto hace también
un mayor énfasis en la necesidad de subir las cifras de
reutilización y reciclaje, pero su nada disimulada apuesta por la
incineración, que supondrá la construcción de nuevas plantas, ha
reavivado el debate en torno a un sistema criticado por
contaminante.
Vecinos y 'verdes' quieren retomar las
movilizaciones contra la quema
Los opositores denuncian que así se
contamina y se disuade el reciclaje
La industria juzga el objetivo del
Ejecutivo "poco ambicioso"
El plan no detalla cuántas
plantas son necesarias, ni dónde se ubicarán. Corresponde a las
administraciones responsables de la gestión de residuos
-generalmente los ayuntamientos o mancomunidades- y los Gobiernos
autonómicos -que orientan y pueden elegir emplazamientos cuando
hay varias localidades afectadas- la decisión de levantar o no
plantas incineradoras. Pero el aumento de la capacidad de
incineración implica que más plantas son necesarias, hasta 10 o
15 según la industria. Alcalá de Henares (Madrid), Gijón
(Asturias), Ceuta, San Sebastián y varios municipios de la
Comunidad Valenciana son candidatos a la instalación de estas
plantas en sus terrenos, según CC OO.
El aumento de la generación
de residuos y la tendencia de las legislaciones europeas y española
de llegar al "vertido cero" (desaparición de los
vertederos) obliga a tomar medidas en todos los ámbitos, desde la
prevención a la quema. Pero como ya ocurriera con un plan diseñado
por el Gobierno socialista en 1988 -en aquella ocasión eran
incineradoras de residuos industriales y ahora son urbanos-, esta
solución para la gestión de las basuras no convence a grupos
ecologistas, asociaciones vecinales y sindicatos, al entender que
desincentiva la prevención, la reutilización y el reciclado y
causa emisiones contaminantes a la atmósfera.
Las cuentas que hace CC OO
son muy superiores a las del Gobierno. El sindicato habla de 2
millones de toneladas, frente a las 600.000 toneladas de las
previsiones oficiales. Según el sindicato, las cifras que baraja
Medio Ambiente se quedan cortas teniendo en cuenta las propuestas
que hay en marcha. Desde el ministerio rebaten: "Nos atenemos
a lo que está recogido en el PNIR: pasar de 2,1 millones de
toneladas a 2,7 millones en 2012, que supone un incremento
aceptable y acorde con la directiva".
La Comunidad Valenciana,
con tres incineradoras, encabeza los planes de construcción. CC OO
calcula que la cantidad de residuos que arderían en ellas rondaría
los 1,4 millones de toneladas, es decir, más del doble del
incremento global que aparece en el borrador del plan nacional.
Jorge Lamparero, director general de Cambio Climático de la
Consejería de Medio Ambiente, afirmó la semana pasada durante
unas jornadas sobre residuos: "Hoy por hoy, el tratamiento térmico
[incineración] es una opción necesaria y una alternativa que
tenemos que tener muy en cuenta en la nueva gestión de residuos,
tal y como lo recoge la nueva directiva marco europea". Desde
su gabinete admiten que son tres las plantas que aparecen en el
borrador del plan autonómico.
La industria, mientras
tanto, mira con envidia a Europa y eleva las potencialidades de
incineración por encima de lo sospechado por CC OO. Para José
Muruais, presidente de la Asociación Empresarial Valorización RSU
(Aeversu), lo planteado en el plan es "un objetivo muy poco
ambicioso". "Sobre todo si lo comparamos con la situación
de los países de la UE, más avanzados ambientalmente. Para
alcanzar un tratamiento del 25%, valor promedio de la UE-15, se
debería pasar de los 2 millones de toneladas actuales a 6,5
millones", apunta. Para lograrlo, no alcanzaría con las seis
o siete plantas que están en marcha o en proyecto. "Existe la
imperiosa necesidad de instalar entre 10 y 15 plantas de tamaño
medio-grande, que resolverían el problema en aquellas áreas que
necesitan con urgencia reducir la cantidad de residuos que envían
ahora al vertedero", advierte Muruais.
La industria se siente
respaldada en parte por la mencionada directiva, que no considera
la incineración como un método de eliminación, sino como
"valorización", aunque para ello hay que demostrar que
se queman residuos con alto poder calorífico y se aprovecha la
energía generada.
Con la publicación del último
borrador del plan, la contestación ciudadana, hasta ahora
circunscrita al ámbito local, ha pasado a ser más amplia. En
Alcalá de Henares, localidad que vivió hace menos de un mes la
manifestación antiincineradora más reciente, Asturias, Ceuta y
Guipúzcoa han surgido coordinadoras y plataformas dispuestas a
frenar este tipo de tratamiento de los residuos. En estos grupos se
añaden contradictorios compañeros de viaje, como el PSOE, que se
opone abiertamente en Alcalá de Henares a que el Consistorio del
PP instale una planta pero que como miembro del Gobierno del
Principado de Asturias apoya su puesta en marcha a través del
Consorcio para la Gestión de los Residuos Sólidos de Asturias.
Greenpeace es
especialmente crítica. Considera "un error optar por quemar
el dinero de los contribuyentes en instalaciones que son muy caras
de construir y de mantener". Esto último también lo reconoce
el ministerio en su borrador: "Es necesario tener en cuenta
que es un tratamiento no finalista con un coste de funcionamiento
elevado".
Jesús Pérez, responsable
del Área de Residuos del Instituto Sindical de Trabajo, Ambiente y
Salud (ISTAS), fundación promovida por CC OO, es partidario de
que, al menos, no cuenten con facilidades administrativas y
fiscales. "Se debería cobrar un canon por tonelada
incinerada, al igual que se hace con la basura que va al vertedero,
y eliminar además la prima a la incineración de residuos para la
producción de energía eléctrica". Para el sindicato, este
incentivo está en contradicción con el objetivo del Convenio de
Estocolmo de Prevención y Eliminación de Compuestos Orgánicos
Persistentes (COP), ya que con este sistema se emiten varios de
estos tóxicos. "En un escenario de reducción de
contaminantes no se entiende que se permita la emisión de dioxinas
y furanos a través de las incineradoras".
Desde Aeversu, responden a
esa polémica con los datos del Ministerio Federal de Medio
Ambiente, Conservación de la Naturaleza y Seguridad Nuclear de
Alemania, país en el que hay 72 incineradoras de residuos. Según
un informe, las emisiones de dioxinas y furanos producidas por las
plantas se han reducido más de mil veces desde 1990, con un
incremento de toneladas incineradas del 44%. Y además, alegan, no
es cierto que la incineración desincentive el reciclado. En
Alemania "la tasa es mucho mayor que en España y se incinera
un 22% más de residuos".
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